martes, 17 de junio de 2008

Puede llegar de golpe, sin haberlo esperado largo tiempo, o en todo caso habiendo perdido la esperanza de recuperarla. Cuando las sílabas están anudadas al cordel de la música, en ocasiones se hace aburrida la espera, llegando a un momento en el que dejas de buscar y no esperas encontrar. Paradójicamente, puede que un día cualquiera recuperes algunas fuentes de sílabas que alguna vez decidiste tener, pero que no lograste debido al imposible o el erroneo planteamiento. Así como ellos rezan por que no se acabe el petroleo, yo prefiero rezar por que la música no desaparezca.
Necesito el taladro para liberar la presión intracraneal.
Oído y tibieza. Mordiscos envueltos con las sábanas y la piel, enfrentados a cirros ardientes. Piel de gallina y diamantes de hielo. Lucha el frío contra el calor cuando el cuerpo yace sobre la hierba, a los pies de una magnolia, su madre, mientras los pétalos blancos caen hasta sepultar los párpados. Son cirros, ellos que se clavan en los tobillos, quemando mientras el dolor sonríe. Cristales hasta que llega el frío; entonces se derriten.

Cristales de hielo
que lo sostiene,
pero más sencillo, ladrón.
Justo.
Justo.

"Este periodo corresponde a la muerte carmesí, yacer cuerpos en las calles sin vida anterior al fracaso. Aliento que descubre si uno aprieta el gatillo. Efectivamente, si todos matan, la ciencia no muere."

Pero encuentra, no antes sin dolor, la planta de adormidera en el pecho de su mejor amigo. Pero sólo es carne y él sólo un cuchillo; nunca vio al Sol gritarle que aquello fuera malo, nunca escuchó al arroyo decirle que aquello fuera dolor, jamás le susurró una brizna de hierba una palabra sobre la envidia. Lo hizo por amor, era lo único que conocía.
Resultó que el Sol, el arroyo y las briznas de hierba eran imbéciles.
Intentó respirar tierra, la tierra que se descomponía bajo la magnolia, allí donde dejó muerto a su amigo. Entonces se ahogó.

"Mienten, ellos mienten, susurran. Oídos, tibieza. Se enlatan."

lunes, 9 de junio de 2008

Dicen que solo se hace camino al andar, pero yo creo que en el desierto y con el cielo encapotado lo más fácil es perderse en su inmensidad de dunas. Son dunas que se mueven, aparecen y desaparecen, es imposible hacer camino al andar, andando solo se prolonga la agonía aunque se intente salir del desierto describiendo una linea recta. Los pájaros no se adentran en ese mundo estéril y el maná debe de ser un cuento de hadas, no hay ruta, no hay nada, solo millones de granos de arena más por cada pisar de un pie descalzo en el suelo hirviente.

Al menos la noche es fría.

sábado, 7 de junio de 2008

Un paso. Dos, tres, incluso cuatro. Acercándose al precipicio de la navaja, derrapando en su filo, sonriendo sin sonreir. Harto de la metáfora sobre la metáfora, ya había escrito de qué trataba la levedad del ser, del estar y del parecer. Perecer y asfixiarse con lo invisible, nudo de corbata engrasado, nada como volverse y justificar en interminables justificaciones lo efímero. Quince pasos que se saltan a la torera. Olé.

viernes, 16 de mayo de 2008

pink black


Un peso que se desplaza a la derecha junto al tiempo. Un peso que se desplaza a la izquierda enamorado del pasado. Mientras, junto a la eterna humedad de los bosques, una palabra que se convierte en arbusto y un deseo que se convierte en impulso. Pudiendo enmarañarse en lo que piden los ojos, parece esquivar la soledad del otoño. Que triste que este se conforme con la mera intención, nunca logrará confiar en la hojarasca. Y es que parece que nadie desliza ya cartas bajo las puertas de hotel, es tarde para buscar comparaciones propias del siglo diecinueve. En estos tiempos, estos minutos ocupados por la desidia de lo mal intencionado (aunque sea bien intencionado), no se estremecen ni los labios que a medio palmo sienten el ajeno tacto de otros labios. Estos tiempos son los de imaginar como será lo que nadie pide y todos buscan, como sería no engañarse con bombas de confeti y encontrar el regalo que se ha ansiado para el día de reyes, bajo el árbol. Mientras siguen los jueguecitos de los geos con sus cartas, alguien muere en Somalia pretendiendo pagar un rescate por una estufa.

Nadie espera un bombón que el aire impulsa cuando se aburre el tiempo, realmente nadie espera convencer de nada mientras chisca con trazas gelatinosas de licor de cereza, mera provocación la que busca provocar, como si hubiera estado bien concebida para convencer a quien desconfía de la sombra de un abeto. Quien navega hasta el centro de la tierra se pierde frente a las rocas, que son infructuosos intentos. Intentos de nada y de todo, como el mar y su ventisca, como el hielo y su deshielo.

lunes, 21 de abril de 2008

Cae un gato del tejado,
la vieja tiende la ropa,
los colores anochecen
y la luna se confunde.
No era ayer el gran intento,
era hoy el pasatiempo:
piedras sueltas,
mala suerte
y los niños que gritaban:
"¡ese loco, ese loco!"
grito seco amortiguado;
la campana de la iglesia
repicando oculta el nombre.

A nadie importa la certeza,
nunca pesa más que el odio,
odio simple y fácil mueca,
sin certeza actua el hombre.
Y eso por eso que los niños,
sin saber quien era el loco,
apalearon a la vieja:
"sólo brujas tienen gatos".

jueves, 3 de abril de 2008

Se lo traga el silencio más allá del ruido, descubriéndose cuanto mayor sea el grito que lo busque. La desesperación es su madrina, antagonista de lo templado, dado que solo permite los extremos del abanico. Nadie sobrepasará el antiguo límite sin que palabra se convierta en locura, pues nadie es capaz de pensar más allá del entendimiento estable y rutinario en el día a día; sílabas mediocres, frases mediocres, interés mediocre, soledad mediocre, tristeza mediocre, insipidez plena. Entender esa insipidez, la imposibilidad de apreciar y buscar una compañía cualquiera, solo es camino hacia la locura. Cuanto tiempo, cuanto tiempo desde la última vez que me dije que solo acabaría esto cuando conociera a alguien como yo; y cuanto, cuanto tiempo desperdiciado en tiempo burlado al tiempo, tiempo que disfrazándose de alcohol se sentía humano simple, común denominador de lo efímero.
Pues tras cada trago, un trago de realidad se desmoronaba por el estómago unas horas después, y la vocecita en la cabeza no podía evitar su socarrón "no se acabará nunca" mientras intentando comprender mataba el tiempo y la literatura infantil.