martes, 25 de agosto de 2009

“Sí, intentaba escribir al compás de las notas, pero lo que llenaban al aire se lo quitaba mi estúpida mentalidad caduca. Lo que quedaba de ella, más bien.
No me pidas que te lo explique otra vez, porque ya no soy capaz de articular ese sonido. Mis explicaciones arcaicas pertenecen al papel y lápiz de entonces, de nada sirve ahora vanagloriarse por la noseque perfecta culminación del actuar constructivo. Si alguna vez he sido constructivo fue sobre un grano de arena que tenía todo el sostén, así que no insistas por ahí. Yo desgajé mis cielos, mis tierras y lobotomicé al dios del trueno, yo patiné descalzo sobre las tripas de la diosa libertad y casi me rompo el cráneo.

Y ahora, dónde está todo aquello y dónde estoy yo, ínfima hormiga que empequeñece por momentos sobre la esterilidad de este mundo mío. Estoy desconociendo parte de lo que un día conocí, sólo he de confirmar las sospechas de que la fruta podrida no tiene remedio que le permita madurar ahora sí y bien.

Poooooooooooooooooooooooooooodreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Poooooooooooooooooooooooooooodreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Me río de vuestros ídolos de madera, y de vuestras putas santas escrituras. Me río de vosotros porque aunque cuando esté muerto ya no podré seguir riéndome, estaréis tan muertos como yo.

Pero sois felices, pero sois felices, pero sois felices, pero sois felices y yo soy la perniciosa envidia como ternilla entre los dientes.”

miércoles, 10 de junio de 2009

Lent et grave

El acuse del recibo no concibe la voracidad del empapelador de paredes gris-violentas.

Con la mirada blanca del Tractat, de ningún lobo observan que pueda escapar si la puerta de la cocina no está abierta. De trozo negro y pelos de los brazos anticipando la lluvia del tres de agosto, casi treinta y uno sin que aún nadie saque las patatas de la tierra.

Soy basura de metacrilato, debes escribirlo cinco mil veces y cada vez tendrás que hacer una Te diferente.

El misterio no está en el agua, maldita furcia psicología.

No sin antes desaparecer del techo, mariposa. Sí, murciélago embebido al revés. Intentarás prender los cordones del adalid celeste y sujetarlo en Orión. “Desgracia”, llama al señor, “pesa mucho la composición singular y mecánica de sus pasos”.

Hablaban de pasos cuando querían hablar de la guerra infinita, margaritas por palomas muertas, música por eugenesia antropófaga. Mundo triste que te prendes de Orión, no decaigas hoy, por favor. Espero que la mañana sea la de mañana y no la de ningún otro bribón. Mundo, agárrate de mis talones con fuerza, yo te levantaré y no podremos caer sino es el uno con el otro.

Para quien te dijo que no fuera lo.

He asistido tantas veces desnudo a mi muerte, no se dice en los ojos y hay ojos, sin embargo, muchos ojos. Adoro sus ojos, de todas y cada una de ellas. Me gustaría aguantar la mirada hasta que se posen las nubes sobre el Sol y no se vea nada (nada más que ojos), es lo único que importa cuando la sangre anega la bañera, las pupilas.

Te echo tanto de menos, mundo triste. Tu textura era más suave que los pechos de Israel. Mundo, yo, suelta a Orión y agárrate a mis botas de fieltro, así no tendremos problemas con la nieve; es hora de que yo sea el momento anterior a la huida. El desazón del croar agudo del piano es veneno con miel, son sus pechos, Israel.

viernes, 17 de abril de 2009

You can gouge away


Apresado por las circunstancias no, secuestrado por los instintos. No hay engaño ni mentira, aquí sólo reina la confusión generalizada y sus pasos, miradas. Alguien partiéndose el culo.

Drogándose desde la montaña, a lo alto, Zeus le sujeta el brazo y le pone su dosis: “Empuja, empuja, olvídate del cielo y recuerda de donde has salido, de la tierra podre. Y si piensas aún que ese no es tu sitio recapacita cuando te atragantes con la arena.”

“Algunos se creen que la droga es suficiente para cada segundo de vida, no saben que el placer es saber que pueden acabar con ellos. El chute no existe, todo está somatizado, al final el toxicómano que se pica el brazo se da cuenta después de morir, nunca antes, de que el momento de mayor placer es cuando la aguja se encuentra a medio milímetro de la vena.”

“Fumar no es bonito, ni siquiera es elegante, fumas porque puedes, sabes que es malo, siempre da igual. Rasgo antropológico, como monitos cuando uno saca humo por la boca y otro dice “Ohhhhhh” y comienza a hacer lo mismo.”

Como mirar y reírse, inevitable. Se corta el aire y sigue siendo inevitable.

Pero no puedo dejar de reírme. Sujétame el brazo, anda.

lunes, 30 de marzo de 2009


Detrás de cada nuevo sombrero hay una oscura intención de poder manejar al antojo las variables independientes del tiempo. Algunos lo saben e intentar dar alarde de ello, maquinando contra los besos, labios hastiados del rugoso tacto de los cristales de azúcar. Es por ello que algunos se llevan el sombrero al pecho a la hora de saludar a cualquier fantasma de las navidades pasadas, siempre se les va el santo al cielo y mientras que ellos miran desconfiados, otros gritan al oído con desbordante alegría: “¿truco o trato?”. Bah, todos son juegos de infantes gordinflones de tanto azúcar y bombones de licor de cereza, son como las mentiras de prensa, noticias a medias.

¿Dónde estaban cuando se derrumbó mi edificio, cuando me caí al estanque aquel?


Jóvenes precursores de la escritura acomplejada, alzar las voces contra el viento y contra el hielo, nos deben estufas y fuego para no morirnos de frío. Ellos, ladrones fantasmales de tiempos ancianos, son la causa de que la desidia placentera de lo confortable abandone a los hijos del ocaso de Octubre. Hijos de la niebla, del ocre de los pasos, como los bosques estancados en la enfermedad del deseo.


Que en el ocaso de Abril no nos ahoguemos en la lluvia los hijos de Octubre.

martes, 24 de marzo de 2009

“Hablaremos del tiempo y acaso del gobierno, y trazaremos nuestro magno plan y a una estación sucederá otra igual…”

Cuando borran tu pasado, pasando la goma sobre los trazos de grafito, tiemblan las piernas. Parece al principio que te han quitado el aire porque, ¿dónde quedan las pruebas de que uno vivió la vida mucho antes y con aquella intensidad? Estoy seguro de que es miedo, al fin y al cabo la memoria acaba reorganizándose y buscando nuevo espacio a lo nuevo y empaquetando a las viejas memorias en cajas de cartón. El esfuerzo para ponerse ahora a desempaquetarlo todo y cerciorarse de que porque te quiten las letras no te quitan el aire es demasiado grande. Sí, mejor que el pasado pertenezca al pasado, al fin y al cabo el mejor recuerdo de nuestro pasado siempre es en lo que nos hemos convertido, lo que somos, lo que creemos ser. Otro tema es que seamos o no seamos lo que creemos ser, que la gente nos miré como queremos que nos mire o que nos mire como no queremos que nos mire. Sí, definitivamente sentí miedo, miedo de que por perder los trazos de grafito, por perder mis inicios, ahora fuera incapaz de saber quien soy y no poder juzgar entonces cómo me mira la gente.

Tal vez no sé quien soy y sólo sé quien fui, aquel ciudadano eliminado, aquel dolor hasta los huesos, hasta los besos. ¿Fui en lo que me convertí?¿Fui lo que era?¿Soy lo que fui?¿Quién soy yo?¿Qué espero de mi?

Creo que he estado tan ocupado en pasarlo mal y construir mi castillo de naipes con dolor que pensé que el dolor y el proyecto megalómano del castillo era todo lo que era y todo lo que podía ser mi destino. Pero la creatividad no puede ser el pozo sin fondo de la tristeza, ni se puede explotar la tristeza de uno como musa de algo mayor, no durante tanto tiempo sin llegar a ser enfermizo.

Y ahora se acaba la tristeza y llega la felicidad hasta cotas casi irreconocibles, pero entonces se acaba la musa, el proyecto megalómano, mi coraza, olvido mis mantras, pierdo mis escritos y aparece una nueva pregunta en mi mente:

¿Quién soy yo?

martes, 3 de febrero de 2009

Cantábrico


Bate sus olas con fuerza contra las rocas, así es el mar. El mar no necesita de la prudencia o de la impudencia, son sus habitantes los que dependen de él. Hay que luchar para asirse a las rocas, como el pequeño cangrejo, no vaya a ser que la corriente lo lleve mar adentro allí donde ya no hay superficie en la que estar.

Poderoso, sin preocupación, ¿por qué va a tener que pensar el mar en todo lo que sostiene con su sal y sus nutrientes? Realmente el mar no puede pensar, el mar no puede medir sus embestidas ni preocuparse de su fauna; sólo es agua luchando con agua, un charco de agua batiéndose consigo mismo.
Era uno el mar al principio, siempre estuvo solo hasta que apareció la vida, ni siquiera creen que él quisiera acogerla entre sus ondulados brazos. El hecho es que le tocó y todo al fin y al cabo está a merced de un orden mayor. La vida se incrustó en su seno y cuando ya era suficientemente mayor, se independizó y apareció la tierra desde donde mirar con nostalgia la fiereza imperecedera. Unos y otros querían ser dueños de si mismos y no del capricho de la siguiente embestida contra las rocas.

Las rocas, allí donde se une la vida del mar y la conciencia individual. Es el último eslabón evolutivo entre el mar y la tierra, allí se produce el salto de aquellos que deciden abandonar su seno. Estoy completamente seguro de que los peces de pedrero siguen dudando entre ser corzos del monte o delfines allí donde no hay escondite.
El mar embiste, sube y baja la marea, se mantiene inquieto, ¿pero qué hacen estos peces frente a su capricho? Allí no hay posos del café donde leer su futuro, sólo guijarros y cantos rodados atados a la corriente.
Dicen que el mar subirá su nivel, y si sube ¿qué será de las pozas donde viven estos peces? ¿Se quedarán esperando a no encontrar refugio? ¿Tendrán la ilusión de que el mar los arrastre a su seno y los convierta en delfines? ¿Decidirán por el contrario escapar y convertirse en corzos salvajes?

Ahora mismo me encuentro en una roca de algún pedrero escribiendo estas líneas. No puedo perder de vista el mar Cantábrico aunque sea marea baja; desde pequeño me han enseñado (y desde mayor he aprendido) que no se debe quitar la cara al mar y mucho menos darle la espalda. Ninguno sería el problema si me fuera a convertir en delfín, pero tengo miedo de golpearme la cabeza contra una roca y ahogarme en una poza de marea baja. En el Cantábrico no existen las mareas muertas.

Llevo ya mucho tiempo en tierra firme, muchísimo, y el mar no ha dejado de chocar contra las rocas. Lo han contaminado de mil maneras y no puede morir, siempre mostrará su furia. Yo no soy un lobo de mar, ni siquiera pescador de bajura, sólo soy un bañista cuando llega el verano. Pero soy receloso ante la marejada de fondo y si ondea la bandera roja, no pondré un pie en el agua. También puedo ser corzo del monte, lobo estepario, y me gusta el verde de prados y el infinito permafrost de la estepa. No me ahogaré en el Cantábrico.

A no ser que me convierta en delfín, pero no bastará con el golpeteo caprichoso de la espuma de las olas, tendrá que venir el mar en persona con diez metros de altura.

Me han enseñado desde pequeño (y desde mayor he aprendido) a no quitar la cara al Cantábrico y mucho menos darle la espalda.

Allí donde acaba Kamchatka


Frente a la duda, la terca espera.
No son flores de un día,
Es la primavera tardía
Que tardará invernoso tiempo en llegar.
Y a un día de ayer lo seré:
Desconocido precipicio en aurora
Y el tiempo que cae con las gotas
En la hierba, hasta el tallo,
Sin precio justo que buscar
Y sólo la espera.

Saber encandila las nubes
Pero tormentas desatan segundos,
La duda que corta los tallos
Y siega la hierba
Sin hacer suya la guerra
De terreno quemado.

Paso y palabra,
La respuesta baldía que nada
Sin nada que hacer,
Y sólo la espera.

Me encontré frente al mar
Sin saber dónde estaba,
Queriendo saber los paisajes
Que tan rápido cambias.
Tan pronto en el cieno y el barro
Como cerca del Sol,
Te encontré frente al mar
Chocando tus gritos.
Llegué para oirte decir:
“¿Qué me roba los días,
ahora dónde estoy yo?”

Estás frente al mar
Ese eres tú,
Yo soy la estepa,
Pero he aprendido a saber
Cuándo el mar te llora,
Allí donde acaba Kamchatka.

Eres el mar, yo soy la estepa.