No hay fuerza superior,
ni hay fuerza inferior
al escarnio de sentirse
impotente,
en un mundo que sigue
girando y gritando
entre alocados destellos
de vida,
mientras la sala de espera,
purgatorio de la ausencia,
machaca cada segundo de vida
con otro segundo más
malgastado.
jueves, 4 de febrero de 2010
domingo, 22 de noviembre de 2009
Me intentaron hacer daño. Me escupieron a la cara. Me mintieron.
A día de hoy aún juegan: “aquí no ha pasado nada”, pero sí pasa, y que me amordacen no me quita las ganas de gritar por la ventana. Estoy abandonado, estoy en esta puta habitación sucia a oscuras, con miedo a clavarme los cristales de la botella que rompiste hace tiempo contra el suelo. Esto es una ruina, un naufragio en soledad. ¿Dónde te has metido?
A día de hoy aún juegan: “aquí no ha pasado nada”, pero sí pasa, y que me amordacen no me quita las ganas de gritar por la ventana. Estoy abandonado, estoy en esta puta habitación sucia a oscuras, con miedo a clavarme los cristales de la botella que rompiste hace tiempo contra el suelo. Esto es una ruina, un naufragio en soledad. ¿Dónde te has metido?
jueves, 19 de noviembre de 2009
Viaje en tren
No tengo la llave de esta cerradura ni hay nadie cerca que me ayude a abrir la puerta. Lejos del fuego, en mitad de la interminable estepa, hay quien sobrevive de la caza y el pastoreo y hay quien se muere de hambre.
Ellos me dijeron: “ya verás, joven, te bajarás del avión y disfrutarás de la vida”. Yo me bajé del avión y no logré ver vida en ochenta kilómetros a la redonda. La poca cosa que encontré fue una brizna de hierba acompañada de una flor celeste. Si las flores tuvieran voz estoy seguro de que podríamos haber mantenido conversaciones interminables.
Que pena que yo tampoco tenga voz, ellos me robaron las cuerdas vocales mientras dormía. Intentaron robarme los sueños también, pero ya no encontraron nada que quitarme.
Por lo menos me acompaña la tristeza, así nunca me podré morir de frío. La anhedonia es caprichosa y busca todo para si misma, pero mi corazón proyectado hacia el hielo todavía derrite lágrimas de vez en cuando.
El día en que me muera me gustaría morir sabiendo quien soy y quien fui, aunque eso tal vez es mucho pedir.
Ellos me dijeron: “ya verás, joven, te bajarás del avión y disfrutarás de la vida”. Yo me bajé del avión y no logré ver vida en ochenta kilómetros a la redonda. La poca cosa que encontré fue una brizna de hierba acompañada de una flor celeste. Si las flores tuvieran voz estoy seguro de que podríamos haber mantenido conversaciones interminables.
Que pena que yo tampoco tenga voz, ellos me robaron las cuerdas vocales mientras dormía. Intentaron robarme los sueños también, pero ya no encontraron nada que quitarme.
Por lo menos me acompaña la tristeza, así nunca me podré morir de frío. La anhedonia es caprichosa y busca todo para si misma, pero mi corazón proyectado hacia el hielo todavía derrite lágrimas de vez en cuando.
El día en que me muera me gustaría morir sabiendo quien soy y quien fui, aunque eso tal vez es mucho pedir.
lunes, 16 de noviembre de 2009
“No sé dónde estarás metido, pero se hace tarde y aún tenemos que terminar el trabajo. Sé que te llevaste el cuchillo pringando toda la casa de sangre, y si no queríamos pruebas y pretendíamos deshacernos de los cuerpos como por arte de magia, nos ha salido el tiro por la culata. El salón ha quedado como un puto escenario de película de zombies, aunque todo hay que decirlo, las butacas blancas están ahora mucho más bonitas. Que pena que ya empiece a oler a muerto por aquí dentro.”
“Ya olía así mucho antes de que tú y yo cruzáramos el marco de la puerta.
En mi pueblo esto es lo que se hace a los conejos mixomatosos, se les pasa el cuchillo por el cuello y luego al contenedor. Eso sí, reconozco que el trabajo no nos ha salido en la línea del plan, ¡pero qué ilusos que fuimos pensando que podríamos arreglarlo todo a base de golpes en la nuca! (No estaba metido en ningún sitio, estaba pensando en qué hacer con el puto cuchillo).”
No se esconde nada detrás de la sangre, todo es la gran mentira que lleva carcomiendo al humano durante milenios, Dios y el Rey, los parásitos. Limitar el significado de esas dos palabras al significado de esas dos palabras no es preciso. ¿Si no se ha jodido ya suficiente el ser humano con un puñado controlable de dioses, qué coño va a hacer ahora en tiempos en los que cada objeto animado o inanimado parece ser ya poseedor de ese espíritu elemental que lo justifica todo por sí mismo?
El salón está lleno de gente muerta a la que llorarán sus familias, pero nosotros no lloraremos por ellos, hubo un tiempo atrás en el que eligieron formar parte de la humanidad o subyugarla. Nosotros, haciendo alarde de esa libertad de decisión, hemos decidido acabar con la carcoma y erradicar el parasitismo ancestral que agota el avance humano de la humanidad (parece redundante, pero tristemente, no lo es).
En una generación desangelada, que aparentemente no lucha por nada y se limita a respirar y a emborracharse, el sonido de la corneta despertará en feroz batalla a aquellos que nunca se han mostrado dispuestos. Cuando suene la corneta, despertarán de entre los muertos. No hay dios sin rey que lo sostenga.
Si bien es cierto que no será una lucha sencilla, pues hay tantos reyes como dioses y cuando una de esas parejas bipolares cae, pronto le sucede otra.
Y se equivocan si de verdad piensan que necesitaremos de cuchillos y cortar arterias. Nos basta la palabra y el dolor, y hablaremos del amor, de la muerte y del olvido. Diremos que piensen con el cerebro antes de que sea demasiado tarde y empiecen a pensar con los riñones. El letargo del humano occidental se está haciendo demasiado largo, ya veinte años libres de peligros con un sofá donde sentarse. Y si yo ya soy tan viejo como ese letargo y me doy cuenta, ¿por qué no se iban a dar cuenta otros tantos como yo?
Y a aquel que nos diga “sabéis de sobra cómo es la naturaleza humana”, le daremos la razón: Nosotros no somos las personas buenas que pondrán la otra mejilla después del primer golpe.
“Ya olía así mucho antes de que tú y yo cruzáramos el marco de la puerta.
En mi pueblo esto es lo que se hace a los conejos mixomatosos, se les pasa el cuchillo por el cuello y luego al contenedor. Eso sí, reconozco que el trabajo no nos ha salido en la línea del plan, ¡pero qué ilusos que fuimos pensando que podríamos arreglarlo todo a base de golpes en la nuca! (No estaba metido en ningún sitio, estaba pensando en qué hacer con el puto cuchillo).”
No se esconde nada detrás de la sangre, todo es la gran mentira que lleva carcomiendo al humano durante milenios, Dios y el Rey, los parásitos. Limitar el significado de esas dos palabras al significado de esas dos palabras no es preciso. ¿Si no se ha jodido ya suficiente el ser humano con un puñado controlable de dioses, qué coño va a hacer ahora en tiempos en los que cada objeto animado o inanimado parece ser ya poseedor de ese espíritu elemental que lo justifica todo por sí mismo?
El salón está lleno de gente muerta a la que llorarán sus familias, pero nosotros no lloraremos por ellos, hubo un tiempo atrás en el que eligieron formar parte de la humanidad o subyugarla. Nosotros, haciendo alarde de esa libertad de decisión, hemos decidido acabar con la carcoma y erradicar el parasitismo ancestral que agota el avance humano de la humanidad (parece redundante, pero tristemente, no lo es).
En una generación desangelada, que aparentemente no lucha por nada y se limita a respirar y a emborracharse, el sonido de la corneta despertará en feroz batalla a aquellos que nunca se han mostrado dispuestos. Cuando suene la corneta, despertarán de entre los muertos. No hay dios sin rey que lo sostenga.
Si bien es cierto que no será una lucha sencilla, pues hay tantos reyes como dioses y cuando una de esas parejas bipolares cae, pronto le sucede otra.
Y se equivocan si de verdad piensan que necesitaremos de cuchillos y cortar arterias. Nos basta la palabra y el dolor, y hablaremos del amor, de la muerte y del olvido. Diremos que piensen con el cerebro antes de que sea demasiado tarde y empiecen a pensar con los riñones. El letargo del humano occidental se está haciendo demasiado largo, ya veinte años libres de peligros con un sofá donde sentarse. Y si yo ya soy tan viejo como ese letargo y me doy cuenta, ¿por qué no se iban a dar cuenta otros tantos como yo?
Y a aquel que nos diga “sabéis de sobra cómo es la naturaleza humana”, le daremos la razón: Nosotros no somos las personas buenas que pondrán la otra mejilla después del primer golpe.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Me despertó mi madre al tiempo que sonaba el despertador, maravillosa coincidencia. Mi madre se fue y el despertador siguió sonando hasta que se cansó de esperarme. Intenté evadirme de la cruel responsabilidad de levantarme abrazando la almohada; cada vez que mi madre decía en alto mi nombre la apretaba un poco más, intentando mantener vivo el hechizo del somnoliento. Tras 20 años de vida he de decir que nunca me ha funcionado esa técnica y que, sin embargo, es ya un tic imperturbable en mi comportamiento. Omito cualquier mención a reforzadores positivos o negativos, demasiada redundancia.
Como veis (tiendo a generalizar, pero soy yo el único que me leo y me doy cuenta), esto es más yermo que el estómago de un niño sudanés.
Como veis (tiendo a generalizar, pero soy yo el único que me leo y me doy cuenta), esto es más yermo que el estómago de un niño sudanés.
lunes, 7 de septiembre de 2009
19.23
Aún recuerdo esa playa como si fuera ayer el día en el que la arena se me metía dentro de los calcetines. Que mentiroso que soy.
Por dios, nunca he estado en esa playa y nunca comprobé la salinidad de aquel otro océano. A decir verdad, todas las caras que guardo de entonces en mi memoria son mentira, las miradas femeninas las fui diseñando una por una para encontrar pautas lógicas en la interpretada estructura de atracción y de salvación. Las sonrisas no fueron sonrisas, fueron muecas, comunicación no-verbal sin transcendencia. Las sonrisas que idealizo no existen, como tampoco existen las miradas que logro transformar en otrora películas de culto. He logrado sobrevivir, no se cómo, creando una cascada de agua como pantalla para vivir por detrás, como en los “pasos” de las películas del oeste, la cueva, el camino más corto, el lugar de la emboscada. Pero de qué vivir ahora si toda una vida ha sido entretejida con gruesos hilos de algodón rojo para que se sostenga, manteniendo que la idealización y la magia tienen que ser partes indelebles de la vida y qué sin ellos estaríamos muertos, o peor aún, incompletos.
Hoy me he despertado en un mundo sin magia, llano, simple, donde sufrir por pensar que puede haber algo más, una chispa, una vida, pero donde lo único que queda es la vacía intención de llenar impulsos naturales con abstracciones. No es lo mismo tener la capacidad de abstraerse y pensar sentimientos o construcciones que sentir sentimientos. Yo soy capaz de pensar sentimientos en un proceso largo y tedioso pero, sentirlos, por Dios, hace ya muchos años que no logro sentir nada. Eso sí, no puedo evitar idealizar cada mirada y cada gesto, como si por ello fuera a convertirme en “más humano”, o como si por arte de magia pudiera existir otra persona que fuera capaz de abstraerme a mi de este mundo.
Por dios, nunca he estado en esa playa y nunca comprobé la salinidad de aquel otro océano. A decir verdad, todas las caras que guardo de entonces en mi memoria son mentira, las miradas femeninas las fui diseñando una por una para encontrar pautas lógicas en la interpretada estructura de atracción y de salvación. Las sonrisas no fueron sonrisas, fueron muecas, comunicación no-verbal sin transcendencia. Las sonrisas que idealizo no existen, como tampoco existen las miradas que logro transformar en otrora películas de culto. He logrado sobrevivir, no se cómo, creando una cascada de agua como pantalla para vivir por detrás, como en los “pasos” de las películas del oeste, la cueva, el camino más corto, el lugar de la emboscada. Pero de qué vivir ahora si toda una vida ha sido entretejida con gruesos hilos de algodón rojo para que se sostenga, manteniendo que la idealización y la magia tienen que ser partes indelebles de la vida y qué sin ellos estaríamos muertos, o peor aún, incompletos.
Hoy me he despertado en un mundo sin magia, llano, simple, donde sufrir por pensar que puede haber algo más, una chispa, una vida, pero donde lo único que queda es la vacía intención de llenar impulsos naturales con abstracciones. No es lo mismo tener la capacidad de abstraerse y pensar sentimientos o construcciones que sentir sentimientos. Yo soy capaz de pensar sentimientos en un proceso largo y tedioso pero, sentirlos, por Dios, hace ya muchos años que no logro sentir nada. Eso sí, no puedo evitar idealizar cada mirada y cada gesto, como si por ello fuera a convertirme en “más humano”, o como si por arte de magia pudiera existir otra persona que fuera capaz de abstraerme a mi de este mundo.
martes, 25 de agosto de 2009
“Sí, intentaba escribir al compás de las notas, pero lo que llenaban al aire se lo quitaba mi estúpida mentalidad caduca. Lo que quedaba de ella, más bien.
No me pidas que te lo explique otra vez, porque ya no soy capaz de articular ese sonido. Mis explicaciones arcaicas pertenecen al papel y lápiz de entonces, de nada sirve ahora vanagloriarse por la noseque perfecta culminación del actuar constructivo. Si alguna vez he sido constructivo fue sobre un grano de arena que tenía todo el sostén, así que no insistas por ahí. Yo desgajé mis cielos, mis tierras y lobotomicé al dios del trueno, yo patiné descalzo sobre las tripas de la diosa libertad y casi me rompo el cráneo.
Y ahora, dónde está todo aquello y dónde estoy yo, ínfima hormiga que empequeñece por momentos sobre la esterilidad de este mundo mío. Estoy desconociendo parte de lo que un día conocí, sólo he de confirmar las sospechas de que la fruta podrida no tiene remedio que le permita madurar ahora sí y bien.
PoooooooooooooooooooooooooooodreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeNo me pidas que te lo explique otra vez, porque ya no soy capaz de articular ese sonido. Mis explicaciones arcaicas pertenecen al papel y lápiz de entonces, de nada sirve ahora vanagloriarse por la noseque perfecta culminación del actuar constructivo. Si alguna vez he sido constructivo fue sobre un grano de arena que tenía todo el sostén, así que no insistas por ahí. Yo desgajé mis cielos, mis tierras y lobotomicé al dios del trueno, yo patiné descalzo sobre las tripas de la diosa libertad y casi me rompo el cráneo.
Y ahora, dónde está todo aquello y dónde estoy yo, ínfima hormiga que empequeñece por momentos sobre la esterilidad de este mundo mío. Estoy desconociendo parte de lo que un día conocí, sólo he de confirmar las sospechas de que la fruta podrida no tiene remedio que le permita madurar ahora sí y bien.
Poooooooooooooooooooooooooooodreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
Me río de vuestros ídolos de madera, y de vuestras putas santas escrituras. Me río de vosotros porque aunque cuando esté muerto ya no podré seguir riéndome, estaréis tan muertos como yo.
Pero sois felices, pero sois felices, pero sois felices, pero sois felices y yo soy la perniciosa envidia como ternilla entre los dientes.”
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